«El síndrome del remero: por qué la fábula que lleva 30 años circulando por email sigue siendo tan real en los proyectos tecnológicos»
¿Os suena la imagen de cabecera? Un solo individuo remando y muchos, muchos dando instrucciones o pidiendo datos.
Lo cierto es que esta pequeña fábula del remero lleva años circulando por la red, según parece desde los 90, con diferentes versiones. Está bien resumida en el refrán español «uno trabajando y diez mirando».
Lo que cuenta la historia, más o menos según las diferentes versiones que ha ido tomando a lo largo del tiempo, es que se enfrentan dos empresas —una local y otra japonesa— en una carrera de canoas. Los japoneses ganan con facilidad. El equipo japonés tenía 10 remeros y un jefe de equipo, mientras el local tenía un remero y 10 jefes. El relato va contando la escalada absurda que se da cada año: la empresa pone más jefes de coordinación, asesores, auditores y vigilantes para intentar remediar la situación, e incluso llegan a subcontratar al remero… declarando que el problema es que es un incompetente. 😄
¿Os suena de algo toda esta historia? Lamentablemente, si has trabajado un tiempo en diferentes empresas tecnológicas, verás que no es tan raro de ver. Me sigue sorprendiendo que se cometa una y otra vez el mismo error, con esa mirada cortoplacista que impera en muchas decisiones. Es de locos.
Vayamos por partes. Esto no va de poner en un pedestal al técnico o al equipo técnico. Es que ningún negocio funciona sin sus diferentes partes: comercial, administrativo, recursos humanos, gestión y gerencia. Todos suman, y mucho. De hecho, defiendo muchísimo la labor de tener buenos comerciales, muy buenos. En España, al menos, siempre ha habido cierta tendencia a menospreciar esa profesión, que tiene una connotación negativa injusta. Es una profesión durísima que requiere ser realmente bueno. Por muy buen producto o servicio que tengas y muy buenos técnicos, esto no se vende solo. Hay mucha competencia ahí afuera.
Pero bueno, me desvío del tema, aunque verás que aplica a cualquier departamento. El caso es que sigo viendo ese cortoplacismo y esa mala gestión: equipos que flaquean en el trabajo a entregar, trabajos mal ejecutados, plazos sin cumplir —lo de los plazos realistas da para otro artículo—, y la solución que se aplica es traer más gestores, managers o como quieras llamarlos, con la consigna de «darles más caña, que esto no sale y el cliente se queja.»
¿Me permites que me ría? De verdad, que después de tantas historias, experiencias y libros sobre esto, ¿seguimos en el mismo punto? Sin hacer un análisis serio de qué está pasando realmente y poner remedio donde toca. A veces es falta de personal cualificado por mala gestión, otras son malas prácticas o procedimientos que necesitan mejora, falta de liderazgo real, objetivos poco claros, mal ambiente que se ha dejado crecer como un cáncer… Y la solución no es meter a más gente pidiendo datos, apretando y amenazando al equipo. Eso quizás funcione una temporada, pero perderás la carrera, el proyecto o el contrato, con la consiguiente mala imagen que dejarás.
Lo curioso es que es raro el que no haya leído esta fábula o no le haya llegado por email en todos estos años. Pero parece que cada uno va a lo suyo, sobre todo quienes tienen puestos de responsabilidad y miran para otro lado cuando podrían poner remedio haciendo un análisis serio y honesto. Honesto porque hay que saber reconocer lo que se está haciendo mal para darle una salida o solución.
Y también hay que valorar que un buen manager, un líder de verdad al que la gente respeta y sigue, tampoco es fácil de encontrar. Por eso esto no es un alegato contra los «jefes», sino contra la mala cultura de empresa que quiere salir adelante poniendo parches en dirección, gerencia y políticas de contratación. Es necesario tener buenos líderes, pero también saber dimensionar equipos plenamente funcionales que vayan a remar y ganar la carrera con los recursos necesarios.
Esto me recuerda cuando en algunas empresas llegué a ver hasta 10 personas pidiendo los mismos datos y reclamando un trabajo que hacía una sola persona, amenazándola además con «tomar medidas» por no cumplir los plazos. ¿De verdad crees que así vas a hacer un trabajo de calidad y dar una solución efectiva cuando lleguen las crisis, no solo las tareas rutinarias? Lo he visto muchas veces: cuando el cliente está descontento, muchos «responsables» corriendo como pollos sin cabeza, buscando culpables y buscando a quién le toca el marrón para sacar lo que está atascado.
Otro tema aparte es que a veces, por crecimiento muy rápido o por malas políticas, no se contrata o no se coloca a la persona adecuada en según qué puesto. Y hay que entender que eso tampoco es fácil de gestionar bien. Pero también he visto —y esto da para otro artículo— un equipo que funcionaba bien, buen ambiente, trabajo eficiente y de calidad. Un equipo al que se ignoró sistemáticamente: peticiones de mejora salarial sin respuesta, personas sobresaturadas a las que nadie prestó atención. El resultado fue el previsible: se fueron. Y claro, luego resultaba que no encontraban a nadie preparado que quisiera venir por lo que ofrecían. La solución que vi con mis propios ojos: meter becarios para tapar el agujero. Muy inteligente 🙂 Ni autocrítica honesta, ni nada que se le parezca.
Es una pena que tengamos que seguir hablando en estos términos, cuando todo es cuestión de más calma, de cultivar una cultura de mejora continua —porque los problemas y los picos de trabajo siempre estarán ahí—, y de trabajar con cabeza y eficacia real y honesta. El cliente lo agradecerá y el equipo podrá confiar en que podrá hacer su trabajo lo mejor posible.
Un saludo a todos y cuídense mucho.

