Crónica de una década que nos enseñó a programar en BASIC mientras esperábamos veinte minutos a que cargara un cassette
Corrían los años 80. En España se soldaban componentes en talleres de barrio, los colegios empezaban a hablar de «informática» como si fuera ciencia ficción, y en los escaparates de las tiendas de electrónica convivían nombres que hoy suenan a leyenda: Spectrum, Amstrad, Commodore, MSX, Dragon. Detrás de cada una de esas cajas de plástico había un personaje, una anécdota y, casi siempre, una pelea de egos que explica mejor la historia que cualquier ficha técnica.
Esto es esa historia. Con sus chismes, sus fracasos estrepitosos y su parte, muy nuestra, del mercado español.
1. Sir Clive Sinclair: el hombre que puso un ordenador en cada casa… y nunca usó uno
Empecemos por el gran contraste. Clive Sinclair fue quien, a través de Sinclair Research, concibió la idea de un ordenador doméstico barato para el gran público. En 1982 su equipo lanzó el ZX Spectrum, un éxito tan bestial en el Reino Unido y en Europa que lo convirtió en multimillonario y le valió el título de Sir en 1983.
Y aquí viene el detalle que más sorprende a cualquiera que conociera esta historia por encima: Sinclair nunca usó un ordenador. Ni para trabajar ni para nada. Prefería la libreta de papel, el lápiz y el teléfono de toda la vida. Decía que la máquina le distraía del proceso de pensar desde cero, y que si necesitaba algo programado, se lo pedía a «gente que supiera hacerlo».
Tampoco tenía estudios universitarios. Dejó las aulas a los 17 años, convencido de que la universidad sería una pérdida de tiempo, y aprendió electrónica de forma autodidacta escribiendo para revistas técnicas. A los 21 ya había montado su primera empresa.
Lo que sí tenía era un talento enorme para rodearse de la gente adecuada: Steve Vickers escribió la ROM y el BASIC del Spectrum; Richard Altwasser diseñó la placa y tuvo la idea de usar un chip ULA para abaratar costes; Rick Dickinson dibujó ese teclado de goma que todos recordamos con cariño (o con rencor, según a quién le preguntes). Sinclair ponía la visión y la obsesión por recortar cada penique; ellos ponían la magia técnica.
Embed from Getty ImagesEl mito de la ruina
Aquí es donde el clickbait de YouTube se pasa de frenada. Sinclair no acabó arruinado ni en la miseria. Lo que sí ocurrió es que su imperio empresarial se hundió entre 1985 y 1986, por dos golpes seguidos:
- El Sinclair C5 (1985): un triciclo eléctrico sin techo, lento, peligroso en carretera y con una autonomía ridícula. Esperaban vender 200.000 unidades al año; vendieron 5.000. Se llevó por delante buena parte de la caja de la empresa.
- El Sinclair QL y la saturación del mercado: retrasos, fallos de fiabilidad en sus cartuchos Microdrive, y una competencia (sobre todo Amstrad) que apretaba los precios sin piedad.
A principios de 1986, Sinclair Research debía unos 7 millones de libras y estaba al borde de la liquidación. Para evitar la quiebra total, Sir Clive vendió la marca «Sinclair» y todos los derechos del Spectrum a su gran rival, Alan Sugar, por 5 millones de libras.
Perdió el control de su criatura más famosa, sí. Pero conservó patrimonio suficiente para seguir inventando de forma independiente (llegó a crear una bicicleta plegable, la A-bike) hasta que falleció en 2021, a los 81 años, tras más de una década luchando contra un cáncer.
2. Alan Sugar: del maletero de una furgoneta al trono de Amstrad
Si Sinclair era el inventor romántico e impulsivo, Alan Sugar era el comerciante puro y duro. AMSTRAD viene de sus propias iniciales: Alan Michael Sugar Trading. Empezó con 21 años vendiendo antenas de televisión desde el maletero de una furgoneta comprada con sus ahorros.
Su filosofía era la contraria a la de Sinclair: nada de inventar tecnología revolucionaria. Coger lo que ya funciona, fabricarlo baratísimo en Asia y venderlo en volumen, en grandes almacenes, no solo en tiendas especializadas.
En 1984 lanzó el Amstrad CPC 464, un «todo en uno»: ordenador, lector de cassette integrado y monitor propio. Un solo cable, lo enchufabas y a funcionar. Las madres de la época lo adoraron porque no había que secuestrar la televisión del salón para jugar.
Cuando en 1986 compró la marca Sinclair por 5 millones de libras, Amstrad arregló todo lo que cojeaba en el Spectrum: le puso un teclado decente, integró el cassette (Spectrum +2) o la disquetera (Spectrum +3), y recuperó la inversión en apenas un año.
Sugar, por cierto, sigue vivo. Hoy es Lord Sugar, presenta desde 2005 la versión británica de «El Aprendiz» en la BBC, tiene un imperio inmobiliario (Amsprop) y fue durante años dueño del Tottenham Hotspur. Un final de trayectoria que ni el mejor guionista de sobremesa se habría inventado.
Embed from Getty Images3. Commodore: de reparar máquinas de escribir a fabricar el ordenador más vendido de la historia
La historia de Commodore tampoco nació en un garaje de Silicon Valley. La fundó Jack Tramiel, superviviente del campo de concentración de Auschwitz, que emigró a Estados Unidos y empezó reparando máquinas de escribir.
De ahí pasó a las calculadoras electrónicas, hasta que su proveedor de chips, Texas Instruments, empezó a venderlas también por su cuenta y a precios más bajos, poniendo a Commodore contra las cuerdas. La respuesta de Tramiel fue una jugada maestra: en 1976 compró su propia fábrica de semiconductores, MOS Technology, y con ella se llevó al ingeniero Chuck Peddle y la patente del procesador 6502.
Al ser dueños de la fábrica de chips, podían fabricar ordenadores a un coste que nadie más podía igualar. Así nació en 1982 el Commodore 64, que con sus chips VIC-II (gráficos con sprites por hardware) y SID (un auténtico sintetizador de tres voces integrado) dejaba en ridículo al «bip» del altavoz del Spectrum. Se calcula que se vendieron entre 12 y 17 millones de unidades: el ordenador personal más vendido de la historia.
Embed from Getty Images4. El MSX: el estándar que quiso ser el VHS de la informática
El MSX no fue un ordenador, sino una norma. La idea partió de Kazuhiko Nishi, directivo de Microsoft Japón, que veía un problema enorme: cada fabricante hacía lo que quería y un juego de Spectrum no servía para Amstrad ni el de Amstrad para Commodore. Si el vídeo doméstico se había puesto de acuerdo con el VHS, ¿por qué no hacer lo mismo con los ordenadores?
Convenció a Bill Gates, y así nació la arquitectura MSX: procesador Zilog Z80A, chip de vídeo Texas Instruments, chip de sonido General Instrument AY-3-8910 y BASIC de Microsoft. Cualquier fabricante podía sacar un MSX si respetaba esas especificaciones, y se sumaron gigantes como Sony, Sanyo, Panasonic, Toshiba, Hitachi o Philips.
En España causó furor a mediados de los 80, con un catálogo brutal gracias a compañías japonesas como Konami, responsable de joyas como Metal Gear o Castlevania. En Estados Unidos, en cambio, nunca despegó: Commodore y Apple tenían el mercado demasiado bien atado.

5. El Dragon 200: cuando Sagunto fabricó ordenadores
Y aquí llega el capítulo más cercano, si vivias en España, en aquellos años. El Dragon nació en 1982 en Gales, de la mano de Dragon Data, filial de Mettoy (los fabricantes de los coches de juguete Corgi). Era una máquina robusta, con un teclado de verdad —nada de goma— y el potente procesador Motorola 6809E.
En 1984, ahogada por la guerra de precios británica, Dragon Data cayó en suspensión de pagos. Fue entonces cuando entró en escena Eurohard S.A., una sociedad española respaldada por la Generalitat Valenciana y el Banco de Crédito Industrial, que compró la patente y trasladó la producción a Puerto de Sagunto, con el objetivo de reabsorber a trabajadores procedentes del cierre de las siderurgias de la zona.
Allí nacieron el Dragon 64 y el Dragon 200. Y contra todo pronóstico, la penetración en España fue notable entre 1984 y 1985: acuerdos masivos con colegios e institutos públicos (para muchos estudiantes españoles, el primer ordenador que tocaron en su vida fue un Dragon) y una cuota de mercado que llegó a rondar el 10-15% en sus mejores momentos.
Pero tenía dos talones de Aquiles: una paleta gráfica pobre (verde/amarillo/negro/blanco o magenta/cian/blanco/negro, según el modo) muy inferior a la del Commodore o el MSX, y un catálogo de juegos raquítico, casi todo en caros cartuchos ROM, mientras Spectrum y Amstrad se llenaban de cassettes baratos made in España. Cuando en 1985-1986 aterrizó el Amstrad CPC con su paquete «todo en uno», el Dragon dejó de tener sentido comercial. Eurohard quebró a finales de 1987 y cerró la fábrica de Sagunto.
Aun así, dejó huella: demostró que en España se podían diseñar y montar ordenadores domésticos de nivel, y formó a toda una generación de aficionados a la electrónica.

6. El mapa del mercado español de los 80, de un vistazo
| Máquina | Origen | Procesador | Punto fuerte | Punto débil | Presencia en España |
|---|---|---|---|---|---|
| ZX Spectrum | Reino Unido | Zilog Z80A | Precio, catálogo de software | Teclado de goma, sonido pobre | Muy alta, especialmente entre aficionados |
| Amstrad CPC | Reino Unido | Zilog Z80A | Paquete «todo en uno» | Llegó algo más tarde | Dominante desde 1985-86 |
| Commodore 64 | EE. UU. | MOS 6502 | Gráficos (VIC-II) y sonido (SID) | Precio inicial más alto | Fuerte, sobre todo en videojuegos |
| MSX | Japón (estándar) | Zilog Z80A | Catálogo japonés, estandarización | Fragmentación de marcas | Notable, gran fenómeno a mediados de los 80 |
| Dragon 200 | España (Sagunto) / Gales | Motorola 6809E | Teclado y hardware robustos | Gráficos limitados, poco software | 10-15% en su mejor momento, fuerte en colegios |
7. Curiosidades para rematar la sobremesa
- Sinclair nunca envió un correo electrónico en su vida. Diseñaba a mano en libreta y dejaba que sus ingenieros tradujeran las ideas a circuitos y código.
- Los ingenieros que hicieron posible el Spectrum, Altwasser y Vickers, se fueron en 1982, hartos de los sueldos bajos, y montaron su propio ordenador rival: el Jupiter Ace, programado en el rarísimo lenguaje FORTH. Vendió apenas 5.000 unidades y quebró en 1983, pero hoy es una pieza de coleccionista carísima.
- Jack Tramiel, el fundador de Commodore, sobrevivió a Auschwitz antes de convertirse en el rey de los microchips domésticos.
- El nombre AMSTRAD son literalmente las iniciales de su fundador.
- La fábrica de Sagunto que montaba Dragon 200 empleaba a antiguos trabajadores de las siderurgias de Altos Hornos del Mediterráneo: la reconversión industrial pasó, durante un tiempo, por soldar placas de ordenador.

