Capítulo 2: Los Primeros Siglos
Tiempo: 1024 – 1524

Sinopsis: Elioenai, un hombre cuya edad parece congelada en el tiempo, recorre los primeros 500 años de su vida, una época de descubrimientos y cambios drásticos

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Elioenai recordaba bien su partida del pueblo de los Pirineos, una decisión motivada por la curiosidad y la necesidad de entender su propia naturaleza. Mientras trabajaba en los oficios de la época en Francia, observaba a las personas a su alrededor envejeciendo, mientras él permanecía inalterable. Sabía que tenía que moverse, cambiar de lugar y de identidad para mantener su secreto a salvo.

En su errancia, Elioenai se encontró en el corazón de la Europa medieval, un mundo donde la iglesia y las monarquías dominaban la vida y el pensamiento. Aprendió a leer y escribir, habilidades que no todos tenían en esa época, lo que le permitió acceder a textos y manuscritos que la mayoría nunca vería. Fue testigo de los primeros pasos hacia la reforma religiosa, una época de gran agitación y debate sobre la fe y la autoridad.

Una anécdota que siempre recordaba con una mezcla de asombro y horror ocurrió durante la expansión de la peste negra. Vio ciudades enteras diezmadas, la desesperación y el miedo en los ojos de la gente. Él mismo se enfermó en una ocasión, pero contra toda expectativa, se recuperó completamente. Esto solo sirvió para profundizar el misterio de su existencia.

Elioenai también fue testigo del despertar del Renacimiento, un período de renacer artístico y científico. Recordaba haber conocido a varios artistas y pensadores, personas que desafiaban las normas y buscaban nuevas formas de expresión y entendimiento. Aunque nunca reveló su secreto, aprendió mucho de estos encuentros, llevando consigo conocimientos que trascendían el tiempo.

Su trabajo en la imprenta fue uno de los momentos más reveladores. Observó cómo los textos que antes estaban reservados para unos pocos se multiplicaban y distribuían. La imprenta no solo democratizó el conocimiento sino que también aceleró su expansión y la generación de nuevas ideas. Era un testimonio viviente de cómo el conocimiento podía cambiar el mundo.

A medida que el tiempo avanzaba, Elioenai se sumergía en reflexiones profundas sobre la historia y su flujo. Aunque ahora nos parece una línea recta, él había observado que la historia es más bien un entramado de bifurcaciones, donde algunos eventos influyen en otros, evolucionando y generando nuevas ideas. En aquellos tiempos, las noticias tardaban mucho en llegar, y su vida giraba en torno a Europa, sin saber casi nada de otros mundos y de los descubrimientos que se producían en lugares lejanos.

Elioenai reflexionaba a menudo sobre la ironía de su larga vida. Mientras los humanos buscaban la inmortalidad en leyendas y elixires, él, un inmortal inadvertido, buscaba comprender su lugar en el mundo. A veces, se sentía bendecido; otras veces, maldito. A pesar de todo, se esforzaba por encontrar significado y propósito en su existencia.

La caída de Constantinopla, el florecimiento de las ciudades-estado italianas, el descubrimiento de nuevos continentes; había sido testigo de momentos que cambiarían el curso de la historia. Pero a pesar de los grandes cambios, veía patrones repetidos: la lucha por el poder, la resistencia al cambio, el miedo a lo desconocido. La humanidad, con toda su brillantez y brutalidad, no había cambiado tanto como él hubiera esperado.

En su reflexión, Elioenai también consideraba las ‘épocas oscuras’ que habían ocurrido. Momentos en los que el conocimiento y la iluminación parecían retroceder ante el miedo y la superstición. Sin embargo, incluso en esos tiempos, siempre había quienes llevaban la antorcha del conocimiento, asegurando que la llama nunca se extinguiera por completo.

A medida que el capítulo de su vida entre 1024 y 1524 se cerraba, Elioenai se preparaba para los próximos siglos, armado con el conocimiento y la experiencia de su pasado. Sabía que, aunque mucho había cambiado, y mucho cambiaría, su búsqueda de comprensión y su viaje a través de la historia continuarían, un paso, un siglo, a la vez.


«Si he visto más lejos, es por estar de pie sobre los hombros de gigantes.» – Isaac Newton

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