El fin de semana ha sido triste por la muerte de nuestro tío León, como le llamábamos todos en la familia, o Leo, como le llama nuestra querida tía. Son momentos duros, cuando el zarpazo de la enfermedad se lleva a un ser querido. En menos de un mes, desde que le diagnosticaron leucemia, y aunque había un pequeño rayo de esperanza, pues recibiría un tratamiento que podía dar resultados, no pudo ser. Y como pequeño y humilde homenaje necesitaba escribir estás palabras. No quiero estar triste, seguro que a él no le gustaría. Quiero y recuerdo ahora todos los buenos momentos que vivimos con él, su ejemplo como persona, de tan gran humanidad y lealtad a sus convicciones, su esposa, su familia. Siempre le recuerdo elegante cuando se ponía traje, y grande, muy grande.
Como no tuvieron hijos mi tíos, se desvivía por sus sobrinos. Y todos los veranos esperábamos la llegada de nuestros tíos que venían de Suiza. Y eso hacía que toda la familia nos juntásemos en casa de los abuelos para estar con ellos, y los días siguientes se llenaban de excursiones por la isla de Tenerife, y no podían faltar también los días de playa.Tengo el recuerdo desde muy pequeño las esperas en el aeropuerto hasta la llegada de nuestros queridos tíos, y luego las despedidas. El olor y sabor del chocolate suizo que siempre traían.
Mis tíos se conocieron en Suiza, en aquellos años que se tenía que emigrar de este país a buscar un futuro. Allí estuve un tiempo junto con el hermano que me sigue , cuando eramos pequeños, pues nuestros padres también fueron a trabajar a Suiza. Cuando regresamos a las islas, como en aquella época no teníamos internet, solo quedaba el teléfono y el correo de toda la vida. A mi tío le encantaba, siempre nos contaba la tía, recibir cartas de sus sobrino. Se sentaba cómodamente en su sillón para leer las cartas tranquilamente. Él a su vez nos escribía también, y nos mandaban postales de lugares preciosos de Suiza. Recuerdo mucho aquellos tiempos en que compraba los bloc de papel para carta y los sobres, y la ilusión con la que les escribía contando anécdotas de nuestro día a día.
Algo que siempre quedará grabado en mi era su espíritu tranquilo, hombre discreto, que siempre escuchaba mucho, mucho, antes de pronunciar palabra o dar una opinión. Transmitía fuerza, pero llena de empatía y paz cuando estabas a su lado. Le recuerdo reflexivo, y concentrado muchas veces en lecturas varias. En la familia era un referente él y mi tía como matrimonio o pareja modelo. Siempre atento con mi tía, amoroso, cariñoso, paciente, amigo, cómplice con ella. Solo les bastaba mirarse para entenderse en diferentes situaciones.
Por eso quiero no estar triste, quiero recordar todo lo bueno que mi tío dejó en nosotros, aunque nos sintamos hoy sobrinos huérfanos de una persona querida y entrañable con mayúsculas. Y sobre todo recordar que la vida es también corta como para perder un solo día en malos sentimientos, rencor, odio,ira … mejor llenarlo con lo mejor de nosotros hacia los demás. Vivir una vida plena, disfrutando de este regalo de vida cada día, a pesar de las dificultades. Siento no haber pasado más tiempo con mi tío, te parece que siempre hay tiempo y que ya harás esa visita o plan. Te enredas en tu vida, y el tiempo pasa, pasa y a veces puedes llegar tarde para decir muchas cosas.
Estoy seguro que lo digo por todos mis hermanos y primos: Te queremos tío León, gracias por haber existido a nuestro lado, y siempre eras y serás una luz, un ejemplo para todos. Te llevamos siempre en nuestros corazones.
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Gracias por escribir éstas palabras de homenaje a nuestro tío. Una gran pérdida,la verdad. Más que un tío, un padre para nosotros. Me comentaba la tía éstos días que estaban haciendo planes para ver a sus nuevos sobrinos el año que viene…pero no pudo ser.
Gracias hermano.Un beso!
Animo Tomás. Un abrazo. Creo que tu sencillo homenaje con este artículo es un gran acierto tanto en la idea como en su desarrollo.