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Ya no piso agencias de viaje físicas

El verano y unos amigos alrededor de unas cañas de cerveza provoca hablar de vacaciones. Y casi sin querer se creó una mini-encuesta sobre el uso de las agencias de viajes de ‘toda la vida’. Todos los reunidos coincidimos en lo mismo : no recordábamos cuanto, pero hacía mucho tiempo que ya no pisamos una agencia para planificar o comprar el paquete vacacional.

Ahora todos usan la Red para preparar las vacaciones. Compran billetes, reservan hoteles, circuitos, excursiones. Recuerdo hace nueve o diez años que cumplías el ritual de hacer cola en la agencia de viajes, y sentarte un buen rato con el empleado viendo posibilidades para ese año, y terminabas saliendo con unos cuantos catálogos debajo del brazo, para seguir viendo viajes en casa.

Foto por Angel de Olavide

Foto por Angel de Olavide

Es como el uso del móvil, que poco a poco ha ido penetrando en todas las capas sociales en no tantos años. Aunque cuando empezó su uso, parecía ser para una élite. Por eso, aunque hay gente que discute sobre cuanto afecta y ha afectado Internet a nuestra vida, es indudable el cambio experimentado, y ¡lo que nos queda por ver! Creo que estamos en una etapa muy excitante. Todo cambia, pero ahora es a una velocidad increíble. Y los negocios se tienen que reinventar si quieren sobrevivir. Yo me sorprendo por vivir todos estos cambios en primera persona.

Lo curioso es que del grupo de amigos donde surgió esta conversación, solo uno puedo decir que sea un usuario muy activo de internet, a nivel de redes sociales, participación, etc. Pero a la hora de escoger destinos, leer foros de opiniones sobre los sitios que quieren ir, reservar billete o estancias, todos usan su conexión a la red desde la comodidad de sus casas, o del trabajo, también hay que decirlo :-) Esto es un cambio brutal de paradigma. Ahora la influencia de un vendedor detrás de un mostrador en la agencia de viajes ha caído en picado. Ahora cuenta y mucho la opinión de otros usuarios que escriben sobre su experiencia real. Hay empresas que se anticiparon y se han posicionado muy bien en la Red para aprovechar este mercado.

Todo cambia y hay que acostumbrarse. Y esto me hace recordar cuando hace muchos años en mi tierra se abrían los primeros videoclubs. Tenías que comprar una película (VHS) pagando unas 7000 ptas. para ser socio. Utilizando esa cinta como forma de cambio. Luego seguían proliferando los videoclubs por la ciudad y con la competencia, solo era necesario tu DNI para ser socio. Luego llegaron los DVD’s y las grabadoras en los PC´s, luego internet, y el resto de la historia ya la sabes.

Y es que observando a mis amigos, después de hablar del uso que hacíamos de las agencias de viaje, pasó algo … se estaban pasando memorias usb con diferentes películas.

Todo cambia

Golpe de estado, guerra civil y redes sociales del siglo XXI

Como diría un abuelo o abuela: “¡Dios no lo quiera!” … ahora cuento la razón de la frase. Por la noche a veces enlazas una cosa con otra, y no sabes por que. Mientras me asomaba a Facebook, leía mensajes de Twitter y buceaba en algunos artículos de diferentes blogs, me estaba acordando de historias de mi abuelo. Recuerdos de cuando estalló la guerra civil española. Él estaba situado geográficamente en Tenerife (Islas Canarias), zona norte.

En el inicio de la contienda, con los reclutamientos, según me contaba el abuelo, él se consideraba neutral,  aun conociendo a los ideólogos del pueblo en las dos bandas (cada uno quería atraer seguidores). Y por neutral, y por miedo, y por todo, junto con otros se escondía en la ‘cumbre’ (el monte de la isla), subidos en castañeros, cerca del ‘mar de nubes‘. Las mujeres del pueblo iban, si podían de noche, con canastos o un hatillo  llevado en la cabeza para llevarles comida y ropa. El abuelo tenía un perro, ‘presa canario‘, de nombre ‘Moreno’, que le quería mucho. Advirtió a la abuela de no traerlo al monte, pues una vez le acompañó, y ‘quedose’ mirando hacia el castañero que servía de escondite al abuelo. Delataba la posición. Vaya tiempos. Pero, adelantamos la película a los años después de la guerra, que ya sabemos quien estaba ‘cortando el bacalao’. Recuerdo las historias de los fusilados, y los camiones que subían al ‘Monte de la Esperanza’, con cuerpos cubiertos con lonas, para enterrar.

Lo más espeluznante era cuando relataba como en los pueblos se sucedían los chivatazos de quien era rojo, o se  sospechaba que lo era. Descubiertos también por el rastro que dejaron; escritos en diarios, discursos y arengas que se pronunciaron en su momento, discusiones de taberna… A veces contaba el abuelo, mirando al techo con ojos tristes, que hubo chivatazos para ajustar cuentas. Sí, gente que se unía o acusaba a alguno con el que tenían rencillas pasadas para propiciar el billete al paseíllo, el ‘viajecito’ al otro barrio. Momentos oscuros.

Y oscuro me pongo, ya lo sé, por eso, ‘Dios no lo quiera’. La historia a veces se repite. Pero, imagina si ocurre algo parecido, solo un poco parecido a aquello. Un golpe de estado, un estallido de violencia, un ‘crack’ en el gobierno de tu país. Y entonces puede ocurrir que los nuevos dueños  (por la fuerza) del territorio que pisas, solo tienen que usar una cosa: un buscador. Poner tu nombre y ya está; leer y ver todo lo que has escrito, opinado, y subido a la nube digital. Me da escalofríos pensar en esto. Distintos medios, pero todo se puede usar a favor y en contra… ¡Ni caso, que estoy de paranoia!